Pienso luego existo. Y entonces que pasa si siento? Se valoriza la existencia o definitivamente no hay valor adicional en el sentir?
De ahí que a estas alturas no sepa si realmente me guste pensar. Porque el mero ejercicio de pensar sin cuestionar carece de excitación.
Pero pensar no significa cuestionar? Acaso no representa la figura del pensador de Rodin a un tipo que deja descansar su mentón sobre el puño mientras su mente pareciera estar preguntándose el por que de las cosas, como si la razón de ser del mundo realmente lo afectara?
Me pregunto entonces que sucedería si no cuestionase mi entorno o mi rutina diaria. No seria más que un autómata condenado a repetir tareas de manera ininterrumpida.
Y aquí es donde el sentir le da razón a la vida, mucho más que el pensar.
Cuestionar según mi parecer, no viene siendo más que un mecanismo utilizado por nuestra mente para manifestar de que manera nuestro entorno nos afecta tanto positiva o negativamente.
Solo por citar un ejemplo, recuerdo que el aburrimiento o la depresión, estados de animo que se relacionan directamente con el lado sensitivo del ser, resultan siendo consecuencia de un considerable nivel de inconformidad existente en la vida de una persona. La inconformidad se traduce entonces como un sensible cuestionamiento a nuestra forma de vivir.
Entonces concluyo que si al pensar existo, al cuestionar (sentir) mi existencia incrementa su valor a niveles exponenciales.
Por lo pronto, con un aburrimiento rozando el máximo posible como resultado de ver la tele o de mirarme al espejo, estoy dando los primeros aportes en esta inversión que promete surtir sus dividendos una vez los cuestionamientos desaparezcan.
Esperemos...