Hay emociones imposibles de describir con palabras. Hay momentos que no alcanzan a pintarse con la magia de las letras. Esos instantes son los que hacen de la vida algo invaluable.
Mi helado corazon desperto al sentir los besos de Aleyda, la sonrisa de Afela y el abrazo de Enrique. Al igual que sucedio aquella tarde de visita en el Batallon, al verles nuevamente mi cuerpo se quedo estatico, imposibilitado de reaccionar ante las manifestaciones de cariño provenientes de las personas mas importantes de mi existencia.
Aun me cuesta desprenderme de aquellas emociones. Fue un soplo de vida a un alma moribunda. Me devolvieron la esperanza con su compañia, con su amor, con su alegria.
El hijo prodigo que nunca olvido el camino de regreso finalmente pudo volver...
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