Friday, December 21, 2007

Callejero

Mi vida aqui los jueves, viernes, sabados y domingos es la misma. Trabajo, como, trabajo, como, navego, fumo, intento dormir, me jodo la vida, me quedo dormido y unas horas despues me pongo de pie nuevamente. Monotona, gris y aburrida.

Esa sensacion de vida carente de sabor y alegria se traduce en nostalgia por mi tierra. La mente regresa en el pasado y sentencia que mi ciudad y yo haciamos una pareja ideal. Una ciudad encantadora y un tipo lleno de actitud, imposible pedirle mas a la vida.

Extraño esa alegria, extraño las calles que solia recorrer en mi auto veloz, los sitios donde podia caminar, la musica que escuchaba en cada esquina. Esos sonidos estan regresando a mi mente, transportandome a los brazos de mi querida Aleyda, a los abrazos del gran Enrique y a otros tantos lugares inolvidables. Me juegan una buena pasada los recuerdos.

Un interrogante se planta en mi cabeza. Que quise demostrarme al venir a este pais?

Talvez el satisfacer mi curiosidad por explorar este magnifico planeta, sus gentes, sus sistemas de vida, sus costumbres, por identificar todas esas cosas que nos hacen similares o diferentes los unos de los otros.

Mis averiguaciones me dejaron informacion que ya sabia. Somos cursis, chismosos, sensibles, irracionales, complejos y absurdos a la vez. Por mas distingos que establezcamos entre fieles y paganos, por mas razas o religiones, creencias politicas o costumbres sociales que queramos que nos diferencien, somos humanos ante todo, por eso podemos entendernos.

Tambien apareció de la nada otra posible causa. Querer demostrarme al salir de mi pais que era berraco y echado pa’ lante, que nada podia quedarme grande, que podia sobrevivir a cualquier condicion del medio.

Tiempo despues me di cuenta que sobrevivir este mundo y sus exigencias no habia sido la razon principal. Refrendar mi tenacidad dia a dia no era el motivo raiz para seguir viviendo esta vida.

Me quedó entonces una posible razon: el amor. Quizas era el amor lo que validaba mi necesidad de emigrar. Quizas el deseo de liberar aquel perro guardian que es mi corazon y ponerlo a disposicion de un nuevo dueño motivo mi anhelo de volar.

Sin dudar un solo momento renuncié a todo por amor, olvidandome de mi mismo y poniendo mi corazon en una bandeja. Tristemente como pasa en este pais, le arrancaron una tajada y dejaron el resto tirado en la mesa, esperando que el frio y las moscas lo estropearan.

Hoy el corazon ha vuelto a latir, lentamente, sin afan, cerrando hondas heridas, mejorando su potencia, sanando. La tranquilidad que alguna vez tuvo y dejo escapar una tarde de verano de 2003 ha comenzado su retorno.

La calle me espera...

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